domingo, 26 de abril de 2015

Curry rojo de pollo

Estrenamos sección con esta maravilla de receta, curry rojo de pollo. He tardado exactamente 20 minutos en prepararla y sólo he ensuciado la cazuelita donde he cocinado todo de principio a fin.

Ingredientes los que queráis. Lo que no puede faltar es la pechuga de pollo, la pasta de curry rojo y la leche de coco. Para el resto de ingredientes (verduras) todo vale.

Con las proporciones que os voy a dar salen entre 4 y 6 raciones, depende de lo comedores que sean los comensales, además serviremos el curry con arroz de guarnición lo que va a hacer que cunda mucho más.

Vamos con los ingredientes:
  • 2 pechugas de pollo en tiritas
  • 3 cucharadas colmadas de postre de pasta de curry rojo, y si os gusta más picante pues más (cualquier marca os servirá, la que yo uso la encuentro en el supermercado de El Corte Inglés, aunque la venden en muchas otras superficies).



  • 1 bote de leche de coco entero (400ml). Como éste que empleo yo siempre que necesito en una receta leche de coco.

  • Y todas las verduras que os apetezca poner. Yo para esta receta de hoy he añadido: una cebolla grande entera, dos zanahorias grandes, medio pimiento rojo y medio amarillo y unas flores de brócoli. Pero podéis añadir champiñones, mazorcas minis de maíz, coliflor, calabaza...lo que tengáis por la nevera.
  • Aceite de oliva, unas 5 cucharadas soperas, o la cantidad necesaria para untar bien de aceite el "culo" de la sartén.
En la cazuela que vayamos a emplear ponemos el aceite y dejamos que se caliente. Comenzaremos añadiendo la pechuga cortada en tiritas y dejando que se dore durante 5 minutos.

Una vez dorada la pechuga, iremos añadiendo las verduras (limpias y troceadas en tiras o en trocitos) teniendo en cuenta que añadiremos antes las que más tardan en hacerse. Yo empiezo siempre por la zanahoria y el pimiento, y lo último que pongo es el brócoli, que se hace enseguida y se deshace mucho si se cuece demasiado.

Pochamos las verduras y el pollo unos 10 minutos. Y tapamos durante este tiempo con una tapadera para que las verduras se "ahoguen" más rápido.

Una vez las verduras están en su punto (a mí me gusta dejarlas " al dente") añadimos la pasta de curry, y la mezclamos bien y al momento la leche de coco, el bote entero, que no haya pena!!!

Rectificamos de sal si fuera necesario y dejamos que hierva todo junto unos 5 minutos. 

Si queréis añadir alguna otra especia de vuestro gusto, hacedlo ahora. Y si encontráis hierba-limón añadidla al curry junto con las verduras y ya me contaréis el aroma y el sabor que deja en este plato.

Para acompañarlo un poquito de arroz Basmati hervido y listo.



Yo que no soy nada de verduras, ni os podéis imaginar los platos que me meto "entre pecho y espalda". No es que quede rico, no...lo siguiente!!!




Por ahora he cumplido con lo prometido en la presentación de la nueva sección de "Cocina para torpes": un plato rápido, sencillo y facilísimo de preparar.

¿Te animas a hacerlo y lo compartes con todos? Si lo haces cuelga tu foto y dame tu opinión en Facebook, en Instagram o en cualquiera de las otras RRSS en las que estoy compartiendo con vosotros mis peripecias ante los fogones.



Un beso, Belén.



P.D. La receta me llegó hace unos meses de mano de mi querido José Roca que además de ser un artista como la copa de un pino es un cocinero maravilloso. ¡Gracias José, por TODO!





viernes, 10 de abril de 2015

Bizcochitos de vainilla y chocolate con cognac

Receta sencilla, rápida y además con unas proporciones ideales para no estar comiendo bizcocho días y días. Sale la cantidad de masa exacta para conseguir los dos bizcochos tipo bundt cake "minis" que he hecho con este molde de "Nordic Ware".




Esta vez la grasa de la receta en vez de aportarla la mantequilla o el aceite como en otros bizcochos, la proporciona la nata, usaremos nata de montar con mayor proporción de grasa en su composición y vais a ver qué ricos quedan. Así que no penséis que se me ha olvidado el aceite o la mantequilla que sólo llevan nata.

Es un bizcocho denso, pero húmedo (la almendra siempre da ese toque húmedo a nuestros bizcochos) y muy aromático (del aroma la culpa la tiene el cognac, y también le pega muy bien el ron).



Yo hice una masa sin cacao, sólo con vainilla y dividí en dos mitades: una la dejé tal cual para el bizcocho de vainilla y a la otra mitad le añadí una cucharada sopera de cacao. 

Si queréis hacer los dos bizcochos de cacao, deberéis añadir doble cantidad, y os aconsejo que rectifiquéis la cantidad de harina: es decir, si ponéis dos cucharadas soperas de cacao, quitad dos cucharadas soperas de harina, para que no nos quede demasiado seco ni apelmazado.

Ingredientes:

  • 2 huevos XL
  • 180 gr. azúcar
  • 180 gr. harina ¨bizcochona"
  • 100 gr. nata para montar
  • 50 gr. cognac o ron
  • un chorrito generoso de una buena vainilla
  • 40 gr. almendra molida
  • un buen puñado de nueces
  • una cucharada sopera de cacao en polvo para añadir al bizcocho de cacao.



Comenzamos  batiendo los huevos, el azúcar y la vainilla. Con unas simples varillas de mano nos quedará perfecto. Añadimos la harina (mejor siempre si la tamizamos, no me seáis perezosos que os veo!!), la almendra molida, la nata y el cognac e integramos todo bien. No hay que volverse locos batiendo, un par de "meneos" será suficiente.

Incorporamos las nueces troceadas y si queremos un bizcocho de cada color separamos la masa en dos y a una de las mitades le añadimos la cucharada de cacao sopera. 

Si queremos los dos sólo de vainilla, no separamos en dos la masa ni usamos el cacao.

Y si queremos los dos bizcochos de cacao, recordad que rectificaremos la cantidad de harina tal y como  os he explicado antes. Para potenciar el sabor del cacao podemos añadir una cucharadita de café soluble y también una pizca de sal, que ya sabéis que siempre viene bien.



Aunque estos moldes tienen un acabado de una fantástica calidad y son bastante antiadherentes, la cantidad de bordes y flilgranas que los hace tan bonitos hacen más que aconsejable que los preparéis antes de rellenarlos con la masa: o los untáis con un pincel y mantequilla derretida o aceite, o como yo los preparáis con los sprays que venden específicos para desmoldar bizcochos. De las pocas cosas que uso de la marca "Wilton" es precisamente su spray desmoldante, nunca falla!



Como siempre que hacemos bizcochos, tendremos listo  y precalentado nuestro horno a unos 170º, y hornearemos los bizcochos unos 45 minutos o hasta que al pincharlos salga el probador limpio, que no seco. Porque muchas veces cometemos el error de esperar a que el probador o aguja salgan completamente secos y lo que hacemos es secar el bizcocho horneándolo de más. Así que debe salir limpio , no seco del todo.

Si aún queremos unos bizcochos más sabrosos y húmedos probad a "emborracharlos" bien con este almíbar:


  • 100 gr. azúcar
  • 150 gr. de agua
  • una tsp de extracto de vainilla
  • unos 50 gr de ron o de cognac (lo que hayamos usado al elaborar el bizcocho)

Sólo tenemos que poner en un cazo a hervir un par de minutos todos los ingredientes menos el alcohol, retirar del fuego pasado ese par de minutillos y añadir el cognac.



Yo, si no hay niños pequeños, desde luego aconsejo el toque del almíbar, y con unas fresas y un poco de nata montada, no os podéis imaginar las sobremesas "cafeteras" que vais a pasar con los vuestros si os decidís a hacerlos!!!

¿Quién se anima? Espero vuestros bizcochitos en Facebook para que podamos todos disfrutar viendo ese ARTE que derrocháis.

Un beso grande, Belén.



P.D. Por cierto los cuadernos de "scrapbooking" que me han servido de maravilloso "atrezzo" para las fotos son de Marina del archiconocido blog Blaukitchen y buena amiga mía. Si lo conocéis perfecto, sabéis escoger blogs de referencia, y si no lo conocíais ya estáis tardando, no os va a dejar indiferentes: recetas, trucos, decoración, "scrap" todo con unas fotos maravillosas y un gusto excecpional.



Y además Marina es una de las "profes" de La Tallerería y no os podéis perder su taller de "scrapbooking". Tenéis AQUÍ toda la información para no perderos la próxima edición. 



¡Es todo taaaaaaan bonito!

miércoles, 1 de abril de 2015

Torrijas y la marmita de Obélix.

¡Marchando una de torrijas! Casi mejor...¡marchando dos de torrijas! O tres, o cuatro...cuantas más torrijas como más me apetece seguir comiendo. A estas alturas de mi vida con #taytantos años a mis espaldas y en mis caderas, estoy segura de que las torrijas tienen algún extraño efecto en mi metabolismo y que en vez de saciarme me van  creando sensación de apetito a cada mordisco que les doy.


Las torrijas que hago y que como muchas de las cosas que comparto con vosotros las he aprendido de mi madre, no son unas torrijas pesadas, ni demasiado dulces: no llevan almíbar, ni vino, ni miel...ni siquiera las remojo con leche como la mayoría de las recetas sino con agua.

Además llevan limoncito rallado y canela en cantidades alucinantes, son cremosas, quedan blanditas por dentro pero consistentes al morder, un color dorado que quita el sentido y un sabor que hace que en mi casa no tengamos que esperar a Semana Santa para comerlas, en cuanto hay pan del día anterior ya estamos haciendo torrijas.


Para hacerlas sólo hay que tener ganas y estos sencillos ingredientes a mano en casa:

  • pan del día anterior e incluso de más días.
  • 2 huevos
  • un chorrito de leche (tres deditos de un vaso)
  • limón
  • aceite para freírlas
  • azúcar y canela
Comenzamos cortando el pan en rebanadas de aproximadamente un dedo y medio de grosor y las empapamos en agua fría poniéndolas debajo del grifo del agua. Deben quedar bien remojadas. Las dejamos reposando todas juntas en un bol o bandeja y tapadas con un trapo limpio un rato para que queden bien blandas.

Mezclamos batiendo con un tenedor los dos huevos, el chorrito de leche y la ralladura de limón y vamos rebozando con cuidado de que no se rompan las rebanadas de pan remojadas.


Llenamos una sartén con abundante aceite (yo he usado de girasol) y en cuanto el aceite esté caliente empezamos a freírlas hasta que adquieran ese precioso tono dorado que las caracteriza.

Una vez fritas, pasadlas por el azúcar mezclado con la canela (sed generosos!) y esconded la fuente con las torrijas ya listas si no queréis que desaparezcan antes de  hora.

Aún recuerdo la vez que mi madre dejó hecha una bandeja entera de torrijas (unas dos docenas) y cuando volvió de trabajar quedaba sólo una...la de la vergüenza. Entre mi hermano y yo fueron sucumbiendo de una en una. Así que ya os digo que las torrijas son para mí  lo que la marmita de poción mágica para Obélix, y no puedo contenerme ni comerlas con moderación.




Momento confesión: hoy ya llevo SIETE!!!!!!

Espero que os gusten, que os animéis a hacerlas y por supuesto que descanséis estos días que tenemos de vacaciones, que nos lo merecemos.


Un beso enoooorme, Belén.


martes, 31 de marzo de 2015

Merengue, merengue!!!!

¿Dos recetas en un día? Sí, hoy estoy de un trabajador que asusto.

Pero a lo que íbamos, con el merengue que nos ha sobrado de hacer las tartaletas de limón y merengue vamos a hacer unos merenguitos de café o de cacao.

Recordemos la receta del merengue:


MERENGUE FRANCÉS

una clara de huevo
5o gr. azúcar



Ponemos en un bol bien limpio de cualquier resto de grasa la clara de huevo y comenzamos a montarlas. Cuando las claras empiecen a espumar, iremos añadiendo poco a poco el azúcar, hasta que tengamos un merengue con picos duros y firmes y de aspecto denso y brillante (una maravilla de la naturaleza, vamos!).



Una vez hecho el merengue, lo ponemos dentro de una manga pastelera provista de una bonita boquilla rizada. Yo los he formado sobre una lámina de teflón. Podéis aromatizar el merengue añadiéndole unas gotitas de algún buen extracto, o darle también color con unas gotas de vuestro colorante preferido.

Introducimos en el horno a unos 100º durante unos 45 minutos. Dependiendo de si os gustan los merengues más tiernos o más secos y por supuesto del tamaño.



Para rematar la presentación espolvorea los merengues con cacao en polvo o con café con la ayuda de un colador.

Bonitos ¿verdad?

Un beso muy grande y gracias por leerme hasta el final, me encanta saber que estáis ahí.


Os quiero, Belén.

Tartaletas de limón y merengue

Ya sé que estamos en tiempo de torrijas y prometo hacerlas en breve, como las hace mi madre, como las hemos comido en casa siempre... Estamos en tiempo de pestiños, buñuelos, monas de Pascua, huevos de chocolate...

Pero es que esta receta es tan sencilla y tan buena que no puedo dejar de compartirla con vosotros. Masa quebrada, crema de limón y merengue con un toque de lima rallada para decorar y el éxito asegurado allá donde las saquéis.



Para las tartaletas tenéis muchas opciones según el tiempo y las prisas o las ganas que tengáis:

  • Una masa sablé como la de mis tartaletas de fresas de esta receta.
  • Unas tartaletas compradas ya horneadas y listas para rellenar como las que yo he usado.
  • Una masa de galleta y mantequilla horneada como la de los cheesecakes.
  • Las obleas de empanadillas de esta otra receta
  • O estas graciosísimas cucharitas que encontré en el supermercado de El Corte Inglés y que son una opción perfecta para mesas dulces o meriendas tipo bufé.


CREMA DE LIMÓN

100 gr. de zumo colado de limón
ralladura finita de dos limones medianos
150 gr. de agua
90 gr. de azúcar
1 yema de huevo 
20 gr. Maizena

Ponemos en un cazo al fuego el agua (menos dos deditos para diluir la Maizena y la yema), el azúcar, el zumo y la ralladura.

En el agua reservada disolvemos la Maizena y la yema de huevo, y lo añadimos al cazo cunado empiece todo a hervir. Bajamos el fuego al mínimo y con ayuda de unas varillas removemos sin parar un par de minutos mientras va engordando la crema de limón. Reservamos.




MERENGUE FRANCÉS

una clara de huevo
5o gr. azúcar

Ponemos en un bol bien limpio de cualquier resto de grasa la clara de huevo y comenzamos a montarlas. Cuando las claras empiecen a espumar, iremos añadiendo poco a poco el azúcar, hasta que tengamos un merengue con picos duros y firmes y de aspecto denso y brillante (una maravilla de la naturaleza, vamos!).

Podemos darle algo de tono al merengue como he hecho yo en las tartaletas y añadir unas gotitas de colorante amarillo o dejar el merengue blanco inmaculado como el de las cucharitas.

Para montar las tartaletas ya podéis imaginarlo: rellenamos la tartaleta escogida con la crema, metemos el merengue en una manga pastelera provista de una boquilla bien bonita y decoramos.



Si tenéis un soplete quemad un poquito el merengue como he hecho yo y rematad el dulce con un poco de lima rallada y algunas hojitas verdes de menta o de lo que tengáis por casa.

En menos de un mes las he hecho ya tres veces, es un postre muy lucido y no demasiado pesado y lo podéis preparar la noche antes, el merengue en la nevera y quemado aguantará perfectamente y la crema de limón estará más rica aún que recién hecha.

Y ¿qué hacemos si nos sobra merengue?

Jajajajajaja!! Hoy me siento generosa y ahí va LA RECETA con las sobras del merengue, porque aquí no se tira nada, nada, nada!!!





sábado, 21 de marzo de 2015

Cookies de avena, coco y chocolate.

Pues no, las galletas de toda la vida de Dios no tienen su origen en el continente americano, por más que nos empeñemos en llamarlas "cookies" y que nos las vendan como más americanas que los vaqueros.

Bueno, puestos a poner fotos de vaqueros casi mejor que ésta otra...

                                                        


 ¡Ayyyyyy, que me disperso! Continuemos.


Su origen es mucho, pero mucho más lejano, y las primeras galletas podrían remontarse al s.VII antes de Cristo en la antigua Persia, actual Irán, uno de los primeros países que cultivó el azúcar. Las galletas surgen ni más ni menos como meras pruebas que después se desechaban, cuando los pasteleros metían pequeños trozos de masa en el horno para probar la temperatura.


Recetas de este tipo de galletas hay a montones, pero como siempre y después de probar, tunear, y formatear un montón de galletas, yo me quedo con ésta de "cosecha propia" que creo que os va a encantar.



Crujiente por fuera y con un corazón tierno por dentro, con su puntito de sal, un intenso aroma a vainilla de Madasgacar, un toque de coco, la textura que le dan los copos de avena y el inconfundible sabor del chocolate las convierten sin duda en una receta de ésas que al menos una vez hay que probar, a sabiendas de que después de esa primera vez vendrán otras muchas, porque encima es sencilla de elaborar y rápida. ¡Vamos, que lo tiene todo oiga!




Para unas 35-40 cookies grandecitas necesitaremos:


  • 100 gr. azúcar blanquilla
  • 200 gr. azúcar moreno
  • 170 gr. mantequilla a temperatura ambiente
  • 1 huevo y una yema (los míos eran XL)
  • 230 gr. harina
  • 50 gr. de copos de avena
  • 20 gr. de coco
  • 200 gr. de chocolate 70%
  • vainilla de Madagascar (un buen chorro)
  • media cucharadita de postre (tsp) de sal
  • media cucaharadita de postre (tsp) de bicarbonat0

Ponemos en la batidora (con el accesorio pala o similar) la mantequilla y los dos tipos de azúcar y comenzamos a integrarlos. Añadimos el huevo y la yema batidos y continuamos sin parar de mezclar. Vamos con la vainilla, la sal, el bicarbonato y la harina, que no hace falta ni siquiera que esté tamizada. Incorporamos los copos de avena y el coco rallado y terminamos añadiendo el chocolate troceado.


Podéis usar chips de chocolate, pero yo prefiero picarlo en el Thermomix porque me quedan los trozos de diferentes tamaños y les da a las galletas un encanto rústico y más desaliñado que si ponemos los chips ya preparados.

La masa resultante es una masa pegajosa, no pasa nada, está correcta, no añadáis más harina. Sacad la masa de la batidora con ayuda de una espátula y trabajadla a mano un poquito aunque se os pegue sobre una superficie tipo "Silpat".

¡Lista! Ya os dije que era una receta rápida y sencilla. El único inconveniente  que llegados a este punto le veo,  es que en cuantito empecéis a quitaros la masa que se pega a los dedos a base de lametones, chupetones y "bocaos" varios, corréis serio peligro de no hornear las galletas y zampar la masa así tal cual.


Pasada la tentación de comeros la masa, formad unas bolitas de unos 30 gr. cada una (como una albóndiga, almóndiga, armóndiga o como queráis llamarlas, jajajajaja!) y disponedlas en una bandeja de horno forrada con papel vegetal o sobre cualquier otra superficie de horneado (teflón, silicona...)

Lo ideal es que una vez formadas las dejéis reposar unos 20 minutos en la nevera, pero si las ansias os pueden tampoco pasa nada por saltarse este paso (yo haré como que no miro, venga!)

Como siempre hornos precalentados a 170º y adentro con ellas durante 15  minutos, no las tengáis mucho más. Si las tocáis pueden parecer blandas, de hecho lo están, pero al enfriarse adquieren la textura que buscamos. Mientras que si las dejáis más rato en el horno quedarán después muy duras.

Una cosa que os llamará la atención al hornearlas por primera vez es ésto:


No penséis que la habéis pifiado o que algo no va bien, o que la suegra ha entrado en casa sin avisar, ha sacado las galletas del horno y le ha dado por preparar una receta de albóndigas en salsa. Cuanto más frías las metáis en el horno menos pasará ésto, pero en cualquier caso van a quedar perfectas.

Recordad que no tenéis que rectificar la masa aunque quede pegajosa y al disponer las "cookies" en la bandeja, hacedlo dejando bastante espacio entre ellas, porque van a pasar de ser unas simples bolitas a unos galletones de unos 8 cm. de diámetro más o menos (para porciones de masa de unos 30 gr.)


Al sacar las galletas del horno, dejadlas reposar y enfriar sobre una rejilla y preparaos para empezar a comer galletas "a diestro y siniestro". 

¿Qué entras en la cocina a por un vaso de agua? Galleta al canto.

¿Qué pasas por la cocina para ir a la galería a tender la ropa? Galleta entre pecho y espalda.

¿Qué llaman al telefonillo? A por otra!!!

Hasta 40 galletas que salen, mirad si hay excusas para pasarse como quien no quiere la cosa por la cocina, jajajajajaja!!!


Espero que hagáis la receta y que me lo contéis, porque son las 02:53 de la mañana y como no os pongáis a hornear como locos me puedo poner muy agresiva...#elqueavisanoestraidor

Un beso. Os merecéis unas cuantas horas menos de sueño y mucho más. Belén.

                                                                                   El monstruo de las galletas




sábado, 14 de marzo de 2015

"Madeleines de Commercy" a mi manera

Las "madeleines" tienen un origen discutido, vamos que no se acaban de poner de acuerdo en cuándo no dónde surgen. La historia más difundida cuenta que una joven, de nombre Madeleine Paulmier, sirvienta de la Marquesa Perrotin de Baumont sorprendió en 1755  con esta sencilla receta al rey Stanislas de Polonia, que pasaba temporadas en Commercy (Lorraine) donde solía cazar con sus invitados. Y quedó tan eLncantado con aquellos pequeños pastelillos con forma de concha y dorados, que al preguntarle a la joven por el nombre del postre y no recibir respuesta, decide ponerle el nombre de la joven y de la maravillosa villa donde suele descansar: Madeleines de Commercy.



Una preparación sencilla y unos ingredientes humildes que son sin duda estandarte de la pastelería francesa desde entonces a hoy en día.


Yo me he inspirado en esta receta de un blog de cocina francés, pero como soy una rebelde la receta final no tiene casi nada que ver con ella. Además si tenéis un poquito más de tiempo y queréis un sabor especial en vuestras madeleines, animaos y haced la "beurre noisette". Se hace igual que la mantequilla clarificada, es decir, ponemos a fundir la mantequilla a fuego bajo, y por arte de la "archifamosa" reacción de Maillard (yo no la conocía hasta la semana pasada, jajajaja) se produce una especie de caramelización de los alimentos, obteniendo una mantequilla con un aroma a frutos secos muy peculiar y de preciosos color dorado.

Así que vamos con la receta y esta semana todos a disfrutar de unos desayunos dignos de reyes y reinas.



INGREDIENTES (para unas 16 madeleines)

  • 2 yemas y un huevo ( de huevos L)
  • 120 gr. harina bizcochona o leudante (he usado la de "Harimsa")
  • 100 gr. azúcar moreno
  • 100 gr, mantequilla derretida y templada y mejor si hacéis "beurre noisette"
  • ralladura de un limón
  • una pizca de sal
Comenzaremos batiendo las yemas y el huevo con el azúcar y la ralladura de limón. Incorporamos la harina tamizada con la sal en un par de veces y la mantequilla. En este punto si no hacemos "beurre noisette", sólo tenemos que derretir la manmequilla y esperar que se atempere y añadirla a la masa hasta que quede bien integrado.
Podéis usar la masa en el momento, pero si la dejáis reposar en la nevera unas horas salen unas madeleines con las típicas "bosses" o jorobas "madaleneras".

Para la "beurre noisette", ponemos en un cazo a fuego medio-bajo la mantequilla troceada, y fundimos como en el video.




Veremos que la mantequilla al fundirse va soltando impurezas y separando una parte más líquida de otra más sólida, que retiraremos con una espumadera.


Poco a poco irá adquiriendo un precioso tono dorado y comenzaremos a disfrutar de ese inconfundible aroma a frutos secos que la caracteriza. Sólo nos queda retirarla del fuego y colarla para filtrarla y que quede lista para utilizar en nuestras madeleines una vez de enfríe. Podéis conservarla en la nevera en un tarro hermético e incluso congelarla para tenerla a mano y usarla en cualquier preparación que lleve mantequilla y disfrutar de su característico aroma.



¡Masa lista! Precalentamos el horno a unos 200º  y mientras engrsamos los moldes que vamos a utilizar. Aunque en muchas recetas no aconsejan engrasar el molde, a mi la priemra vez que las hice se me agarraron casi todas y se me rompieron al tratar de desmoldarlas. Así que ya no me la juego y los engraso con un poco de mantequilla o con spray antiadherente. asegurándome el desmoldado perfecto.


Horneamos unos 14 minutos, o hasta que comprobemos que están ya horneadas. No os preocupéis si se os va el santo al cielo y os olvidáis de la maravilla que se está gestando en vuestros hornos., porque el timbre de la puerta os va a avisar: al olor de las madeleines se irán acercando vecinos, amigos, menos amigos, el portero, el cartero...o como me pasó a mi, el repartidor de MRW, al que después de firmarle  el resguardo del paquete que me traía y viendo cómo las aletas de su nariz se movían nerviosas y rítmicas, decidí darle dos madeleines recién hechas, y he de decir que cuando se despedía de mí dándome las gracias,  me pareció que en sus ojos brillaba un destello de amor, jajajajajaja!!!


Por cierto ¿hay algo mejor que un café o un té con leche acompañado de un par de magdalenas y una buena novela entre las manos?

Pues si consigo darle forma y materializarla algún día tendré MI novela entre mis manos, las madeleines ya las tengo...

Y mientras voy a aprender de un equipo sensacional guiado por mi querido Antonio Penadés, y del maravilloso proyecto que desde hace años y desde el Museo de  los soldaditos de plomo L´Íber de Valencia está acercando la novela a todo aquél que tenga inquietudes y quiera participar de la aventura de escribir. 




Os dejo AQUÍ el link por si os interesa, yo ya tengo mi plaza y allí estaré.

Un beso grande, Belén.