sábado, 17 de junio de 2017

Ceviche de langostinos

El ceviche es un plato típico de muchos países latinoamericanos de la costa del Pacífico. Lo encontramos en Chile, Colombia, Costa Rica, Honduras... pero es en Perú donde sin lugar a dudas es su plato más reconocido y yo diría que patrimonio gastronómico y cultural.

Parece que aunque hay bastantes teorías acerca del origen etimológico de la palabreja en cuestión, el nombre "seviche" viene de la palabra quechua siwichi, que significaría pescado fresco.

Así que ya os podéis ir haciendo una idea de cual es su ingrediente principal: pescado crudo que suele marinarse con gajos de cebolla y lima o limón, además de alguna especia picante como el ají o el chile y distintas verduras según las recetas y el país de origen.

En verano es una delicia comerlo o cenarlo bien fresquito, y si bien los pescados que suelen emplearse son el lenguado y el mero, también podemos hacerlo de otras variedades de pescado, de pulpo o de langostinos como voy a hacer yo hoy.


INGREDIENTES (para unas 4 personas)


  • unas 6-8 piezas de langostinos por persona limpios y crudos (o no)
  • medio pimiento rojo
  • medio pimiento verde
  • 1 cebolla morada
  • 3 tomates maduros (yo uso de los de pera)
  • 1 aguacate
  • 3limas
  • sal y aceite de oliva virgen extra
  • ají picante o en su defecto guindillita o pimienta roja
  • cilantro





Elaborarlo no puede ser más sencillo. Lo ideal es hacerlo por la mañana y dejarlo marinar hasta la hora de comer.

Limpiamos los langostinos y los ponemos en un bol cubiertos con el zumo de las limas, la ralladura de una de ellas, la cebolla en gajos o ruedas finas, el cilantro bien picadito al gusto y el ají.

Como a veces puede no resultarnos sencillo encontrar ají peruano, podemos sustituirlo por guindillas o como yo suelo hacer por pimienta roja molida para darle un toque picante muy suave.

Los langostinos con el ácido cítrico de las limas irán quedándose duritos y como si estuvieran hechos, aunque para los escrupulositos (como yo) se puede dar a los langostinos un hervor corto sin pelar, y luego pelarlos y seguir con la receta como veremos.

Dejamos que marinen en la nevera. 





Cuando vayamos a comer o un poquito antes (yo la mayoría de las veces pongo todos los ingredientes al mismo tiempo y dejo que todos marinen en la nevera durante la mañana), añadimos el resto de ingredientes, rectificamos de sal y añadimos un chorro generoso de aceite de oliva para rematar esta delicia de plato.

Removemos bien para que se integren todos los ingredientes y disfrutamos con un plato sencillo y muy sabroso.

IMPORTANTE: ¡El jugo que obtenemos de la maceración no se desecha! Se le conoce como leche de tigre y no sé si será de buena educación o no, pero en casa nos lo tomamos a sorbos y nos peleamos por él.

¿Queréis ver un vídeo de los ingredientes que vamos a usar y de lo sencillo que es preparar un delicioso ceviche?







Sencillo, fresquito, rápido, sano y sabroso. #nosepué pedir más.

Un beso grande, Belén.


viernes, 9 de junio de 2017

Magdalenas y crème fraîche

Que las magdalenas me gustan es un secreto a voces: magdalenas con copete, sin copete, cupcakes, muffins, financiers... ¡Me chiflan las masas batidas!

El otro día mi hijo se equivocó y en vez de subirme nata para montar me trajo del supermercado un tarro de crème fraîche. A veces la uso para cremas, o la añado en pegotes en mi pizza "diávolo", pero aún así tenía mucha cantidad y no quería tirarla, porque ¡aquí no se tira NÁ!

Empecé a buscar recetas de magdalenas que incluyeran este ingrediente y la verdad es que no encontré muchas, así que pronto decidí que haría ÉSTA.

Lo único que no me gustaba de la receta es que llevaba poca crema y que además me iban a salir un montón, así que empecé a "tunear" la receta, y quedó así:



INGREDIENTES (para 12 magdalenas)

  • 175 gr. de harina bizcochona (la que ya lleva el impulsor o levadura química incorporada).
  • 125 gr. de azúcar
  • 125 gr. aceite de oliva suave o de girasol
  • 150 gr. crême fraîche
  • 3 huevos L
  • ralladura de limón
  • vainilla (líquida o una vaina raspadita por dentro)






Comenzamos batiendo los huevos con el azúcar hasta que aumenten y blanqueen. Añadimos el aceite y le crema y batimos un poco más.






En otro bol tamizamos la harina y la sal y la añadimos a la preparación anterior junto con la ralladura de limón y la vainilla. Integramos la masa hasta obtener una masa homogénea y reservamos.





Podemos lanzarnos de cabeza a hornear nuestras magdalenas, de hecho es lo que yo suelo hacer, pero si tapamos la masa con film y la dejamos reposar en la nevera unas horas, las malas lenguas dicen que salen muuuucho más buenas. Así que si podéis esperar a hornearlas, dadles ese reposo mágico en la nevera.

Rellenamos las cápsulas para magdalenas y espolvoreamos con azúcar para conseguir esa costrita que a mí me vuelve loca y horneamos a 200º unos 15 minutos, o hasta que estén doraditas.

Dejamos reposar las magdalenas 5 minutos en la bandeja donde las hemos horneado. ¡Esta bandeja de Le Creuset en Claudia&Julia me ha enamorado!

Espolvoreamos con abundante azúcar glass y dejamos que terminen de enfriar sobre una rejilla.

¿El desayuno perfecto? Yo lo tengo clarísimo, tiene que incluir magdalenas caseras.






Se hacen en un periquete, y el resultado...sobran las palabras ¿verdad?

Un beso enoooorme y magdalenero,

                                 Belén.

viernes, 2 de junio de 2017

Clafoutis

Tiempo de jacarandas en flor, tiempo de albaricoques y brevas, tiempo de arreglar armarios, de buenos propósitos que ya está el verano a la vuelta de la esquina y ¡tiempo de cerezas!

El mes de junio es uno de mis meses preferidos, un mes cálido y lleno de luz que me trae año tras año a mis recuerdos de niña y a la ilusión con la que esperaba el final de curso.

Y en uno de esos recuerdos de mi infancia... las cerezas. Cuando mi madre traía a casa el primer montón de cerezas de la temporada. Al volver del colegio a la hora de comer yo me abalanzaba sobre la bolsa de la fruta para devorarlas y mi ella me frenaba en seco con un firme "primero hay que lavarlas".

Las enjuagaba debajo del grifo de la cocina y las ponía en el frutero de cristal de la abuela Natalia. Una vez limpias y llenas de refrescantes gotitas de agua empezábamos a comerlas y a disfrutarlas.

Me gustan solas, en mermelada y en cualquier elaboración que las incluya, y esta receta no es una excepción.






El clafoutis es un típico dulce francés originario de la región de Limousin. Una sencilla receta hecha desde siempre con cerezas frescas (luego surgieron diferentes variantes con distintos tipos de frutas) y una masa similar a la de los crêpes de leche o nata, harina, huevos y azúcar.

Las cerezas podemos deshuesarlas, pero los más puristas dicen que la tarta queda más sabrosa con los huesos, y yo que no es que vaya sobrada de tiempo prefiero dejar los huesos "puestos".

Si bien el clafoutis #detodalavidadedios lleva sólo cerezas, podemos encontrar recetas con un montón de frutas diferentes, y yo he optado por una mezcla de fresas, cerezas y un trozo de ruibarbo que tenía "viudo" por la nevera.










INGREDIENTES 

Para un molde de unos 20 cm. de diámetro.

  • 100 gr. harina
  • 100 gr. azúcar más una cucharada para el molde.
  • vainilla
  • 4 huevos
  • 50 gr. mantequilla fundida y templada
  • 100 ml. nata líquida
  • Cerezas, fresas y ruibarbo. Toda la fruta limpia, y el ruibarbo y las fresas troceados. Las cerezas con o sin hueso, según queráis.

Engrasamos el molde y distribuimos la cucharada de azúcar por la base. Disponemos la fruta por toda la base del molde bien "apretadita" porque queremos que lleve mucha fruta.

Mezclamos en un bol la harina, la sal, la vainilla y el azúcar. Incorporamos los huevos de uno en uno y la nata líquida, y terminamos con la mantequilla fundida y ya templada.

Echamos la crema obtenida por encima de la fruta y metemos en el horno precalentado a 180º hasta que esté bien doradita (unos 30-40 minutos).

Servir la tarta espolvoreada generosamente con azúcar glass y consumir caliente, templada o fría. ¡Va a estar rica a cualquier temperatura!

¿Quién se animaaaa?

Un beso enorme, Belén.




martes, 23 de mayo de 2017

Mermelada de tomate y vainilla

Sin duda, desde que superé mi reticencia inicial (porque de niña no veía yo muy claro eso de que mermelada "pegara" con tomate...) es una de mis mermeladas preferidas y suelo hacerla tres o cuatro veces al año. Aprovecho para regalar algún bote a amigos o a familiares y, por supuesto me quedo yo con el más grande, que con las cosas de comer no se juega ¡oiga usted!

Hace unos meses me invitaron a un curso de "conservas" en la Escuela de cocina Eneldo aquí en Valencia. Era un curso de dos días y me comprometí a ir sólo el primero porque si hay algo que no me sobra es tiempo, y he de reconocer que no iba yo muy motivada que digamos...¡IBA! Porque fue conocer a la chef Laura Muñoz (la chef que impartía el curso), sentir su energía, su capacidad de transmitir la pasión por lo que hace y verla en acción y caer rendida a los pies de Laura y del maravilloso mundo de las conservas: alubias, mermeladas y confituras, escabeches de pescado y pollo, alcachofas, salsas de tomate, tomates confitados a baja temperatura... ¡Lo que disfruté y lo que aprendí no tiene precio!

Y una de las recetas que hicimos fue mermelada de tomate, un básico resultón e imprescindible si quieres empezar a enamorarte del mundo duuuulce de las mermeladas y confituras.





INGREDIENTES (para unos 3 botes tamaño estándar de mermelada)


  • 2,5 kg de tomates tipo "pera" pelados y sin las semillas (al final se quedarán en aproximadamente 1 kg. de tomates limpios que es lo que necesitamos para nuestra receta).
  • 600 gr. de azúcar
  • 1 vaina de vainilla
  • zumo de un limón


Escaldamos, pelamos y retiramos las semillas de los tomates hasta obtener 1 kg. de tomates limpios. Ponemos los tomates en una cazuela junto con el azúcar y el zumo del limón y si tenemos tiempo dejamos reposar unas horitas (podemos incluso hacer todo esto la noche antes), así la fruta irá soltando agua y se irá integrando junto con el azúcar. Si hacemos mermelada de frutas más duras es muy interesante hacerlo de este modo.

Ponemos la cazuela a fuego suave y comenzamos a cocer. Si os gusta que la mermelada quede muy fina, a mitad cocción podemos triturar todo para que quede una mermelada sin tropezones. Después de triturar la mermelada, añadimos el interior de la vaina de vainilla y seguimos cociendo hasta que nuestra mermelada esté lista.

Lo único que debemos hacer es vigilar de vez en cuando para que no se nos agarre y vigilar que no se caramelice demasiado. 

Tened en cuenta que la mermelada una vez fría espesará, así que no busquéis un punto demasiado denso al cocerla o se os quedará un poco "cataplasma".

Si tenemos termómetro de caramelo, podemos ir controlando la temperatura hasta que llegue a los 105º C, que es cuando estará en su punto.

Si no tenemos termómetro o no nos apetece estar pendientes de temperaturas, o simplemente sois unos rebeldes como yo y preferís hacer las cosas "a ojímetro", lo único que debéis ir haciendo es sacar de vez en cuando con una cucharita un poco de mermelada y ponerla sobre un platito frío para ver qué textura coge al enfriarse. ¡Cuando al enfriarse sobre el plato adquiera la textura que buscamos ya la tenemos!

Yo como la consumo muy rápido en apenas dos semanas, no esterilizo botes, simplemente los relleno y los guardo en la nevera. Pero recordad que si queréis que se conserve sin riesgos durante meses y meses debéis hacerlo.

Yo en temas de mermeladas cuando tengo alguna duda lo tengo claro y me doy un "garbeo" por el blog de Bikísimas. Allí Gaby os explica cómo debéis esterilizar los botes para conserva con todo lujo de detalles.




Sobre unas tostadas para el desayuno, en un montadito al horno con queso de cabra, como ingrediente de una vinagreta para vuestras ensaladas... ¡Hacer mermelada es sencillo y el resultado nunca defrauda!

¿Quién se anima?

Un beso enorme,
          Belén.



domingo, 7 de mayo de 2017

New York Cheesecake!!!

Me encantan las tartas de queso o si nos ponemos en modo "american way of life" las cheesecakes. Rara es la vez en la que veo en la carta de postres de un restaurante una tarta de queso y no la pido. Recetas he probado muchas, pero muchas...pero no daba con la que yo quería.

No me gustan las texturas "blandengues", las espumas, ni las gelatinas y muchas de las recetas que he ido probando pecan de alguna de estas tres cosas.
Tampoco me gusta el queso, así que si el sabor es muy potente ¡desechada!

Con lo melindres que es una podréis imaginar que encontrar mi tarta de queso favorita ha sido una ardua tarea. ¡Pero aquí está!

Y llega a mis manos de la forma más tonta, sin buscarla, sin preguntar: Vivi de "Petit Dolce" compartió en su cuenta de Instagram (@petit_dolce) una receta de cheesecake y me llamó la atención porque usaba ricotta.

Ni corta ni perezosa me puse manos a la obra y el resultado ha sido...¡ummmmmm! Un culo aún más gordo si cabe, un vaquero menos que ponerme y una delicia que desde ya se convierte en fondo de armario, quiero decir de recetario!!!


INGREDIENTES 

Para un molde de 15 cms. de diámetro (mejor si es de broche, de los desmontables) necesitaremos:

  • 450 gr. de queso ricotta*
  • la ralladura de un limón
  • 100 gr. de azúcar
  • 20 gr. de harina
  • 2 huevos M y un huevo L**
  • una pizca de sal
  • 1 cucharada de vainilla

Mezclamos con unas varillas o en nuestra batidora o procesador el queso y el azúcar junto con la ralladura de limón. Si tienes un rallador Microplane no hay tarea más sencilla que rallar cualquier cítrico y queda muy, muy fino. Su cuchilla tiene un filo increíble que nos permitirá rallar con facilidad cualquier alimento duro consiguiendo una ralladura finísima. Es ideal para quesos duros como el parmesano, cítricos, chocolate, frutos secos y vegetales como el ajo y la cebolla.

*Como no encontré ricotta le puse requesón. Además como solo tenía 400 gr. de requesón le añadí los 50 gr. que faltan para completar la receta de queso crema tipo "Philadelphia".

Cuando tengamos todo bien integrado y cremoso agregamos la harina tamizada, los huevos, la sal y la vainilla y terminamos de mezclar todo con movimientos suaves y la ayuda de una espátula.

**Como yo no tenía más que huevos L y además rondaban por la nevera dos yemas "viudas" de hacer macarons, le puse un huevo L y las dos yemas, una que es una rebelde!

Encamisa y prepara el molde y hornea en horno precalentado a 160º SIN baño María hasta que esté cuajado por completo. Yo lo he tenido una hora y veinte minutos. Después dale un golpe de grill si quieres que te quede doradito por arriba y deja enfriar por completo dentro del horno ya sin temperatura.

Lo ideal, tal y como aconseja Vivi es dejarlo en la nevera de un día para otro y esperar para comerlo...si puedes!

Para servirlo yo he optado por mermelada de fresa que tenía hecha y que podéis hacer vosotros mismos consultando esta sencilla receta, y unas fresas naturales para rematar y convertir la deliciosa tarta en light. ¿Lleva fruta? ¡Pues es light!




Ya os digo desde ya que se va a convertir en vuestra cheesecake preferida si os gustan las consistencias con más cuerpo y más densas.

Por cierto, yo estaba perezosa y no le puse base de galletas, pero si queréis hacerla con base de galletas ¡apuntad!

  • 100 gr. de tus galletas preferidas
  • 50 ml. de mantequilla derretida
Molemos las galletas y mezclamos con la mantequilla hasta obtener una masa con la que forraremos la base y las paredes de nuestro molde. Horneamos 10 minutos a 180º y dejamos enfriar mientras preparamos el relleno.

Luego echaremos la crema de relleno sobre la base de galleta y hornearemos como hemos visto antes.




¡Ah! Y no te olvides de seguir a Vivi también en su Facebook.

Un beso enoooorme, Belén.

sábado, 29 de abril de 2017

Pan de yuca y queso- Pâo de queijo

¡Venga nena que me lo quitan de las manos! ¡Jajajajajaja!

Ya sabéis que el tiempo es un bien muy preciado que no sobra por mi casa, por eso soy muy fan de las recetas que quedan ricas con poco esfuerzo y que dejan poco que limpiar después de elaborarlas. Entre la casa, las fotos para colaboraciones y trabajos, La Tallerería y su cada vez más amplia gama de talleres online, los críos... no puedo entretenerme demasiado, la verdad.

No tengo nada en contra de las recetas muy elaboradas y llenas de pasos y tiempos de espera, de hecho ahora estoy en fase #panarra y de los tiempos de levado no me libro ni queriendo. Pero donde se ponga una receta sin complicaciones y con resultados óptimos que se quiten las "trabajeras".

He de confesaros que hasta hace una semana no había oído hablar del pan de yuca y queso brasileño. Fue mi amiga Julia (gracias desde ya, Julia de mis amores), la que me habló del pan de queso y de lo rico que quedaba.






Así que la receta me llega de una amiga suya brasileña afincada aquí en Valencia.

El pan de yuca y queso es un pan de gran tradición en países como Brasil, Colombia, Ecuador... donde se le conoce también como "chipa".

Buceando por la red he visto muchas recetas, y casi todas muy similares. En lo que hay más diferencia es en el tipo de queso empleado en su elaboración: en Brasil, receta que os traigo hoy, el queso que utilizan es un queso llamado "costeño" y que, evidentemente, es algo complicado de encontrar aquí. Pero encontramos recetas con manchego, emmental, gruyere, mozzarella o parmesano.

En la receta que vamos a elaborar yo he usado mozzarella rallada (también puede ser fresca), aunque la combinación que más me gusta es la de mozzarella y parmesano a partes iguales. ¡Riquísimo!



INGREDIENTES (para unos 10 panecillos de 50 gr. cada uno)

  • 100 gr. harina de yuca.
  • 160 gr. de mozzarella rallada o 80 gr. de mozzarella y 80 gr. de parmesano.
  • 2 huevos .
  • 60 gr. de mantequilla en pomada (bien blandita para integrarla con facilidad).
  • sal (si el pan es solo de mozzarella añadiremos a nuestro gusto un poco más de sal que si optamos por mitad parmesano y mitad mozzarella).
  • un par de cucharaditas de leche si vemos que la masa nos queda poco hidratada.
  • 1 tsp de impulsor químico tipo levadura "Royal".



Nada más sencillo que poner todos los ingredientes en un bol e integrar amasando un poco hasta formar una bola de masa consistente y algo pegajosa.

Una vez hecha la masa (podemos hacerlo en nuestro robot de cocina preferido, pero a mano no te llevará ni 5 minutos), dividimos en porciones formando bolitas de unos 50 gr. cada una. Si la masa se te pega mucho a las manos puedes ponerte un poquito de aceite para ayudarte en el formado.

Disponemos las bolitas en una bandeja de horno sobre la que pondremos una lámina de papel de hornear o teflón y meteremos en el horno (previamente precalentado) a 180º durante unos 20 minutos.

No tenéis que poner las bolitas muy separadas entre sí porque prácticamente no crecen al hornearlas.

Pasados los 20 minutos y como nuestros panes de queso aún estarán blanquitos, podemos poner la opción grill y darles 5 minutos más para que queden algo doraditos. No se deben dorar mucho.

Recién hechos son un vicio: ¡ábrelos por la mitad y escucha cómo el queso fundido te está llamando!

Aunque suelen comerse solos, prueba a rellenarlos de jamón, de más queso o cualquier otra opción que te  guste. ¡Lo que le pongas le va a quedar de fábula!

Una vez fríos tienden a quedarse un poco duros... Pero nada que no se arregle con un golpe de microondas. Quedarán riquísimos y tiernos como recién hechos en pocos segundos.






¿Qué me dices? ¿No estás ya deseando hacerlos?

Un beso enorme, Belén.




P.D. Y de nuevo gracias a mi querida Julia, que es una excelente cocinera y que poco a poco me va descubriendo su recetario.

 ¡Y encima me regala flores! Flores de San José.





jueves, 6 de abril de 2017

Cómo hacer la mejor granola casera

Yaaaaaa, ya sé que he tardado más de lo previsto en publicar la receta de mi granola preferida, pero acudir a todo es complicado incluso para las superwomen ;;;)))

Llevo haciendo esta misma receta de granola al menos dos años, y no es que la haga pocas veces, no. La hago dos veces a la semana y tenemos que ser comedidos y "controlarnos" o, a parte de que tendría que hacerla más a menudo estaríamos redondos como balones. No es una receta light precisamente, sana sí, ligera... va a ser que no.

Así que además de traeros la receta quiero compartir los trucos que mejor me funcionan para conseguir que quede rica, equilibrada y perfecta.





INGREDIENTES:


Distinguiremos los ingredientes que VAN AL HORNO
  • 200 gr. copos de avena
  • 75 gr. semillas variadas (lino, girasol, amapola, calabaza...). Yo compro unas mezclas que vienen ya hechas.
  • 50 gr. aceite de oliva (lo prefiero suave)
  • pizca de sal
  • 60 gr. azúcar moreno
  • media cucharadita de postre de canela en polvo
  • 120 gr. miel (me gusta la de naranjo, pero podéis poner la que más os guste a vosotros)
  • un puñadito de cubitos de almendra cruda (lo venden en "Mercadon")

Y los ingredientes que añadimos DESPUÉS DE HORNEAR
  • 100 gr. avellanas tostadas
  • 150 gr. fruta variada deshidratada (plátano, pasas, ciruelas, arándanos, orejones...)
  • 60 gr. de cubitos de coco deshidratado





Lo primero que hacemos es mezclar en un bol todos los ingredientes que sí que vamos a hornear e integrar bien con la ayuda de una espátula.

Una vez que tenemos todo bien integrado, disponemos la mezcla sobre una bandeja de horno forrada con papel de hornear, repartimos uniformemente por toda la superficie de la bandeja y metemos al horno precalentado a 180º durante unos 15 minutos, o hasta que veamos que adquiere ese precioso tono dorado. ¡Ojo, que no se os dore demasiado!

Es conveniente darle un par de "meneos" para que la granola se dore por igual por todos los lados. yo abro el horno un par de veces cada 5 minutos y la muevo con la ayuda de una rasqueta.






Una vez tenemos la granola dorada, la sacamos del horno y es entonces cuando añadimos el resto de ingredientes: coco, frutas deshidratadas, avellanas...

Truco:

¿Por qué mezclo los ingredientes en dos veces? Porque de lo contrario los frutos secos y la fruta deshidratado se hacen de más en el horno y pierden textura y aroma, llegando a veces incluso a quemarse.

Puedes hacer la granola como prefieras lo único que es importante para mí es respetar  las cantidades de los ingredientes que no van al horno y luego ya, podemos echar la imaginación a volar e ir variando los otros ingredientes según lo que nos apetezca o lo que tengamos por casa.






De los cubitos de almendra podemos prescindir, pero a mi el toque de la almendra me gusta. Lo que para mí es imprescindible para que tengamos un sabor fantástico es el coco y las avellanas.






Probad con mango deshidratado, jengibre... y por supuesto a la hora de comerla que no os falten las mezclas con fruta fresca: fresas, trocitos de melocotón, manzana...






¿Mi forma preferida de tomarla? Sin dudarlo con fresas frescas y yogurt.






Pero con leche fresca o poniendo un par de cucharaditas de granola en el café o en el té con leche es una de mis meriendas preferidas.

Espero que os animéis a hacerla y que me contéis cuáles son vuestras mezclas preferidas.

Un beso enoooorme, Belén.