domingo, 27 de julio de 2014

Tarta de café y merengue

El 26 de Julio en mi casa es una fecha especial por tres motivos: celebramos el santo de mi padre, el de mi hermano y el aniversario de boda de mis padres. Así que por norma es un día en el que reunirnos todos y celebrar. Celebrar que seguimos juntos, que discutimos por tonterías, que vamos sorteando las piedras que la vida nos pone en el camino, que nos queremos...

Por supuesto los gustos y caprichos culinarios de mi padre mandan este día, y el menú suele hacerse para el deleite y disfrute del jefe del clan, que para éso es el "pater familias", y en mi casa no hay dicho más repetido que aquel de "cuando seas padre comerás huevos". Así que lo tenemos claro, él manda.

Chipirones en su tinta con ajitos tiernos, mejillones a la provenzal, arroz con bogavante y de postre una maravillosa y contundente tarta de café y merengue, han constituido el menú de este año, y creo que hemos triunfado.



La tarta en cuestión, que es lo que nos importa, consta de una elaboración base de un bizcocho de café, vainilla y azúcar demerara, de una crema de queso para el relleno sin complicaciones y de un pedazo de merengue suizo que quita el sentido.

 ¿El truco para que todos hayan peleado por llevarse porciones de tarta a sus casas en sus correspondientes "tuppers"? Pues hacerla con un par de días de antelación y emborracharla bien de café y licor, en concreto yo he usado un ron añejo y os aseguro que no he escatimado en "darle alegría" ...

Vamos por partes:

 BIZCOCHO DE CAFÉ ( para dos bizcochos tipo "layer" de 21 cm. de diámetro)

  • 4 huevos "L"
  • 125 gr. azúcar blanquilla
  • 125 gr. azúcar demerara 
  • 150 gr. aceite girasol (o si prefieres oliva suave)
  • 200 gr. harina repostería
  • 1 sobre de "Royal" (16 gr. impulsor químico o "baking powder")
  • 65 gr. nata líquida
  • 10 gr. café soluble (tipo "Nescafé")
  • Vainilla, mucha, nunca sobra, y si es buena es el toque perfecto. En esta receta yo he usado vainas de vainilla de Tahití, una maravilla que si podéis debéis probar.


Batimos los huevos junto con los dos tipos de azúcar,  si no encontramos "demerara" podemos sustituirlo por otro azúcar moreno, pero sin duda el color y el aroma de éste tipo en concreto de azúcar moreno le da un toque muy particular a nuestra receta. Añadimos el aceite, la harina tamizada junto con la levadura en polvo y mezclamos con nuestras varillas manuales o, si lo preferís con vuestro robot de cocina.
Por último diluimos en la nata el café soluble e incorporamos a la mezcla junto con una vaina de vainilla raspadita. Si no tenéis vainas, optad por un buen extracto.

Repartimos la mezcla en dos moldes previamente engrasados y horneamos a unos 170º durante 30 minutos nuestros bizcochos de café.

Llegados a este punto, se recomienda hacer un ejercicio de fuerza de voluntad y no zamparse los bizcochos mojaditos con leche, ya que aún estamos comenzando con la receta que nos ocupa hoy. OMMMMMMM!!!

CREMA DE QUESO Y CAFÉ
  •  200 gr. queso crema (yo he usado "Philadelphia")
  • 100 gr. mantequilla en pomada
  • 100 gr. azúcar glass
  • una buena cucharada de café soluble 
Batimos con unas varillas o como yo en el Thermomix (a velocidad mínima) la mantequilla y el azúcar glass hasta que blanqueen. Añadimos el queso bien frío y el café (más o menos cantidad según la intensidad que busquemos) e integramos lo justo para que la mezcla quede uniforme cremosa y firme. Si batiéramos mucho y muy rápido, nos quedaría una crema blanda y sin cuerpo. Así que recordad hacerlo a baja velocidad y durante poco tiempo. Reservamos en la nevera tapada con papel tipo "film" hasta el momento de usarla como relleno de nuestra tarta.



MERENGUE SUIZO

  • 150 gr. de claras pasteurizadas
  • 300 gr. de azúcar
Ponemos las claras y el azúcar en un cazo a fuego muy suave para evitar que se cuajen las claras, y si queremos estar más tranquilos, ponemos todo en un bol de cristal al baño María y vamos removiendo sin parar con unas varillas. No nos hace falta tener termómetro de azúcar, pero si lo tenemos debemos llevar la mezcla a una temperatura de unos 60º. Si no disponemos de termómetro, cuando al tocarlo entre los dedos no notemos el granito de azúcar, estará listo para comenzar a montar nuestro merengue.

Pasamos las claras y el azúcar al bol de nuestro robot de cocina o batidora y comenzamos a batir a velocidad alta hasta conseguir un merengue firme, brillante, blanquísimo y estable.

                                                                                               ¡Merengue, merengue!

MONTAJE DE LA TARTA

¿Todo preparado? ¡Pues vamos allá!

Lo primero, como os he adelantado antes, es emborrachar bien nuestros discos de bizcocho ( si haces el bizcocho de una sola pieza, en vez de en discos, debes cortarlo en discos con una lira o cuchillo procurando que queden uniformes). Una vez frío el bizcocho y desmoldado, emborrachadlo bien con café y ron en una proporción de 3 a 1, es decir por cada tres partes de café fuerte, una de ron. Al menos ese es el punto que a mí me gusta. Y si tenéis tiempo de sobra, dejadlo que se cale bien toda una noche, al día siguiente estará maravilloso.

Con cuidado de no romperlo, ya que está muy blandito y jugoso, disponed una capa de bizcocho, rellenad generosamente con la crema de queso, disponed otra capa de bizcocho y cubrid con tooooodo el merengue del modo que más os guste. Ya veis que yo no me he complicado nada, y con un simple cuchillo y disponiendo el merengue de un modo muy tosco, he conseguido un efecto muy visual.

Una vez cubierta la tarta con el merengue, quemadlo un poquito con un soplete o, si no tenéis soplete, espolvoread con cacao en polvo y terminad de decorar la tarta como más os guste.

Por último, miradla, suspirad de alegría ante el trabajo bien hecho, haced unas cuantas fotos para conservad su imagen "in aeternum" y llorad ante el despliegue de texturas y sabores que os propone la receta de hoy.


Entre la primera prueba de la tarta y la tarta definitiva, me he puesto en una semana dos kilos!!! Jajajajaja!
Pero todo sea por vosotros y por mi querido blog.


                                                                         Un besito enorme, Belén.





domingo, 13 de julio de 2014

Una masa que da mucho juego.

La semana pasada estuve en Barcelona. Exactamente unas 30 horas de risas, de dulces, de buena comida, de mejor compañía y por supuesto de cosas nuevas.


Ester Roelas de La cuinera nos invitó desde la escuela Hofmann de Barcelona, a una maravillosa quedada de bloggers en la terraza La Seca, que Hofmann tiene en pleno barrio del Borne, al ladito del Museo Picasso. Un entorno maravilloso y excepcional, en el que el chef Eric Ortuño nos enseñó algunos trucos y nos deleitó después con la maravillosa cena que nos prepararon.


Ivana de Cupcakes a diario, Marina de The sweetest taste, Alba de GaletteOh la laGourmenderies, José Maria y su encantadora mujer de Blog Hedonista y alguno más que seguro ahora se me escapa, fueron mis compañeros de cena, de cata de vinos de la mano de José María y de risas el jueves por la noche.



Y además de un par de kilos de más...¿qué es lo que me traje de allí? Pues la receta que el chef Eric Ortuño tuvo la amabilidad de compartir con nosotros (entre otras). La receta de una masa de pan Viena, que sirve para todo, bueno...para casi todo: la podemos preparar en gofrera o sandwichera tipo gofre y rellenarla de los clásicos rellenos dulces u optar por combinaciones saladas (como el riquísimo pollo al curry que nos preparó Ester), freírla como unos donuts y acompañarlos con salmón ahumado y una deliciosa crema con cebollino picado, e incluso como hice yo hornearla como una tradicional "coca" con unas maravillosas nueces pecanas que compré en Casa Gispert.
Por cierto, si pasáis por Barcelona, Gispert es visita obligada: frutos secos, harina de almendra maravillosa, vainillas de ensueño, haba tonka...todo rodeado del encanto de lo viejuno y lo artesanal.




Ya no me lío más!!! Vamos a por la receta de esa maravilla de masa y a por su elaboración.
  • 500 gr. de harina de media fuerza (mitad panadera, mitad fuerza)
  • 10 gr. sal
  • 30 gr. azúcar
  • un cubito de levadura de 25 gr.
  • 1 huevo
  • 250 gr. leche temperatura ambiente
  • 100 gr. mantequilla temperatura ambiente
En el bol de nuestra amasadora ponemos la harina, la sal y el azúcar, la levadura desmigada y la leche y comenzamos a amasar ( accesorio gancho de la KA o similar) a velocidad media unos 10 minutos. Añadimos después la mantequilla poco a poco, puede parecer que no la admite, pero seguid amasando y veréis como la masa comienza a ponerse elástica y a despegarse de las paredes del bol de la amasadora. Si cogéis un trozo, podréis estirarla entre vuestros dedos, es elástica (no se rompe),y conseguiréis estirarla formando como una especie de membrana translúcida que no se rompe. Ése es el punto que queremos conseguir!!

Retiramos la masa del bol con ayuda de una rasqueta, extendemos la masa y dejamos fermentar. Ahora en verano, sólo con taparla y dejarla a temperatura ambiente la tendremos lista en una hora aproximadamente.

A partir de ahí, corta porciones y ponlas en tu plancha de gofres o sandwichera y consigue maravillosos gofres como éstos en un par de minutos.



O corta donuts, fríelos en aceite bien caliente y obtén maravillosas berlinas para rellenar de los que más te guste, como las que comimos con salmón. Ummmmmmm!!


O como yo, en vez de extender la masa corta porciones del tamaño que prefieras, boléalas un poco y deja fermentar. Y después pinta con leche o con huevo batido, espolvorea con azúcar y canela y decora con nueces, pasas...lo que te apetezca!!! Hornea las piezas a unos 180º hasta que las veas doradas y a disfrutar!!!


Una sola masa y variaciones de preparación y presentación diferentes!!  A éso le llamo yo una receta #polivalente ¿verdad?

Un beso grande y a ver qué se os ocurre preparar con esta masa. Y no dudes en compartirlo conmigo y con todos en facebook en https://www.facebook.com/pages/CUPCAKES-A-GOG%C3%93/197576533643202

                                                                                                       Belén.

jueves, 19 de junio de 2014

Azúcar invertido

No sé por qué, pero siempre que leía en alguna receta lo del azúcar invertido, se me ponían los pelos como "escarpias"  y pasaba página.

Luego, después de hacerlo y comprobar alguna de sus virtudes, descubrí que seguía provocando la misma sensación de desasosiego en las personas que no lo habían hecho antes. Y pese a que lo uso desde hace tiempo, me ha costado escribir esta entrada.

Primero porque hay muchos y muy buenos, buenísimos blogs en los que consultar la receta y segundo porque siempre, al final, cuando decides qué publicar en el blog, acabas decantándote por elaboraciones más vistosas.

¡Pero hasta aquí hemos llegado! Yo ya me he decidido a compartir esta receta (que por supuesto no es mía) y ahora sois vosotros los que tenéis que perder el miedo y lanzaros.

¡Es sencillísimo! Nada que ver con cocina molecular, ni nada por el estilo.


El azúcar invertido no es más que el jarabe resultante de invertir el azúcar mediante la acción de un ácido separando así los dos componentes del azúcar la fructosa y la glucosa.
Entre sus propiedades señalaremos:

  1. Su mayor poder edulcorante, casi un 30% más que el azúcar.
  2. Hace que las masas fermenten más rápidamente.
  3. Mantiene la humedad de bizcochos, cupcakes...y los conserva húmedos más tiempo.
  4. Y evita que se formen los molestos cristalitos en la elaboración de helados ya que dificulta la cristalización del agua.
Para hacerlo sólo necesitamos azúcar y agua, y según la receta que usemos papelitos de esos de dos colores (blanco y morado) o bicarbonato y ácido cítrico. Ahora lo veréis.


Vamos a ver dos recetas diferentes cada una con dos métodos de elaboración, uno tradicional y otro con Thermomix, para los muy forofos de la maquinita en cuestión.


  • Con Thermomix:
 Para cualquier preparación con Thermomix si hay un blog de referencia ése es ¨Velocidad cuchara" Y de el he cogido su receta de azúcar invertido.

INGREDIENTES 
  • 150 gr. agua embotellada
  • 350 gr. azúcar
  • 1 sobrecito blanco del gasificante de Mercadona
  • 1 sobrecito morado

Consulta AQUÍ cómo elaborarlo si optas por la opción con Thermomix.


  • Sin Thermomix
Para elaborarlo sólo necesitaremos un cazo y unas varillas manuales.

INGREDIENTES

  • 500 gr. azúcar
  • 150 gr. agua embotellada
  • 2´5 gr. ácido cítrico
  • 2´5 gr. de bicarbonato
Lo primero es disolver en un cazo el agua, el azúcar y el ácido cítrico. Lo integramos con unas varillas y lo ponemos al fuego hasta que empiece a hervir. Lo retiramos del fuego y lo dejamos templar hasta que alcance una temperatura de 50º (yo meto el termómetro especial para azúcar y lo dejo dentro para ir controlando la temperatura).

Una vez alcanzados los 50º, añadimos el bicarbonato sódico y mezclamos bien. Se nos quedará una especie de jarabe blanquecino, algo parecido a ésto.


No os preocupéis, que no habéis hecho nada mal, y a medida que repose quedará transparente y así de bonito.


Ya sólo nos queda dejarlo enfriar por completo y ponerlo en un bote hermético y a la nevera. Bien conservado puede durar casi un año.

Para usarlo, recuerda a modo de orientación que en preparaciones como bizcochos, cupcakes y magdalenas es recomendable sustituir entre un 10% y un 20% del azúcar por azúcar invertido y en helados un 25%.



¿Os animáis?

Un beso gordo, Belén.


Para más información puedes consultar como he hecho yo:
http://www.velocidadcuchara.com/azucar-invertido-con-thermomix/

http://www.gastronomiaycia.com/2008/07/16/azucar-invertido/

domingo, 1 de junio de 2014

Mini bizcochito de limón y frambuesa

Quería haber publicado el post el viernes, pero al final siempre me disperso en otros menesteres y se retrasan mis buenos propósitos.

Os traigo un bizcocho sencillito, rápido, de poco ensuciar (algo básico para mí cunado escojo entre hacer una u otra receta) y rico, lleno de aromas y muy tierno. Ideal para tomar en el desayuno o merendando con un té con leche.

En casa nos ha gustado tanto, que ya lo he hecho tres veces: el primer intento, el segundo "para rematar" y el tercero en versión magdalena por aclamación popular. Hasta el crío pequeño, devorador profesional  de la bollería hidrogenada e industrial ha caído rendido ante la maravillosa sencillez del bizcochuelo. 


El molde que he usado es pequeño. Es un molde de "Nordic Ware" tipo bundt con unos 500 ml. de capacidad. 


Así que las cantidades que os doy de ingredientes son para un molde pequeño, y si queréis más cantidad tendréis que doblarlas o triplicarlas según el tamaño y la capacidad del molde que queráis emplear, teniendo en cuenta que el mio es de 500ml. Aplicando una sencilla regla de tres adaptaréis mis cantidades iniciales a las que necesita vuestro molde.

Por ejemplo, si vuestro molde tiene una capacidad de 750 ml. (lo sabremos poniendo el molde VACÍO encima del peso, lo llenamos de agua y anotamos el peso que hemos añadido de agua), la regla de tres a plantear sería:

                   Si para molde 500 ml...................60 gr. azúcar
                   Para molde de 750 ml..................     ?

Sólo hay que multiplicar los extremos en diagonal y dividir el resultado entre el extremo opuesto a la incógnita que queremos despejar.

                                        750 x 60= 45.000
                                         45.000 : 500 = 90

El resultado sería que para el molde de 750 ml. debemos usar 90 gr. de azúcar, y haríamos lo mismo con todos los ingredientes.

Ya sé que a muchos esta explicación le puede parecer de lo más irrelevante, pero son muchas las veces que me preguntan cómo hacerlo, ya que no todos tenemos frescas las Matemáticas, o somos "algo" más mayores. Yo soy de letras, así que espero haberlo explicado bien.

Bueno vamos con los ingredientes, se acabó la clase de MATRACAS... todos al patioooooo!!!

Ingredientes:

  • 1 huevo L
  • 60 gr. azúcar
  • 35 gr. aceite (yo he usado oliva suave, si os resulta fuerte, usad girasol)
  • 50 gr. harina "bizcochona"
  • Un limón pequeño rallado (podéis usar a falta de limón natural alguna pasta o extracto)
  • Un buen puñado de frambuesas frescas
  • 1 tsp. vainilla (o media vaina ralladita)

Con unas simples varillas manuales batimos bien el huevo y el azúcar hasta que quede integrado y espumoso. Añadimos el aceite e integramos. Tamizamos la harina, que no cuesta NADA y reservamos. Incorporamos la vainilla, el limón que habremos lavado a conciencia (mejor si es de cultivo ecológico ya que vamos a consumir la piel) y rallado, y ya por último la harina tamizada.

Mezclamos ya al final y con una espátula las frambuesas en la mezcla. Debéis ser generosos con la cantidad de frambuesas añadidas, de la cantidad que pongáis va a depender el aroma y sabor del bizcocho. Yo personalmente no suelo usar las pastas concentradas en los bizcochos (aunque es otra opción), prefiero reservarlas para cremas o coberturas, y os aseguro que sólo con las frambuesas naturales el aroma es increíble.

Engrasamos bien el molde con spray antiadherente, o aplicando con un pincel de silicona mantequilla fundida o aceite. Vertemos la masa en el molde, y horneamos  (el horno como siempre ya precalentado) a 170º unos 50 minutos con calor por arriba y abajo, o hasta que veáis que el bizcocho al tocarlo está firme o al pincharlo sale la aguja o el cuchillo limpios.


Dejamos enfriar el molde sobre una rejilla hasta que esté templado, le damos un par de golpes secos para ayudar a que se desmolde (si está bien engrasado, no debe haber problemas...) y dejamos el bizcocho ya desmoldado sobre la rejilla para que se termine de enfriar.

Para presentarlo, la idea era hacer un glaseado con limón y azúcar glass y decorar además con unos pistachos picados, por aquello del contraste de texturas y colores, pero ¡ni tiempo casi de hacer las fotos me han dejado!

Yo estaba haciendo las fotos y las "hienas" esperando para abalanzarse sobre su presa, jajajaja!!!



Como veis no hay excusa casi nunca para no disfrutar en casa de cosas ricas y hechas de un modo fácil, estoy deseando que me contéis y si queréis, enseñadme los resultados en mi página de Facebook.

Ah!! y por supuesto si no encontráis frambuesas, sustituidlas por fresitas silvestres, moras o arándanos frescos. Como siempre suelo decir: imaginación al poder!!!


Un beso grande, Belén.





sábado, 24 de mayo de 2014

Cocletas, concletas, concretas...CROQUETAS!!!!

¡Marchando una de croquetas oigaaaa!

Porque los que tenéis la suerte o la desgracia, según se mire (juasjuasjuas) de haberme conocido y haber ido de tapas o a comer por ahí conmigo, ya sabéis que yo sin mis croquetas y mi ensaladilla rusa no sé comer.

Tengo que confesar que es la primera vez en mi vida que peso los ingredientes para hacerlas. Aprendí a hacerlas a ojo mientras veía a mi madre darle vueltas a la mezcla con la cuchara de madera en la sartén a fuego lento, muy lento. Y recuerdo la pregunta que siempre le hacía, una y otra vez, cada vez que las hacía a modo de liturgia imprescindible:

-"¿Cómo sabes que ya están, mamá'?"
-Porque se despega la masa de la sartén, ¿no lo ves?

Lo veía, pero me gustaba preguntarlo, justo en el momento del último meneo en la sartén, justo cuando ya sabía que estaban hechas. Era mi forma de decirle a mi madre que yo ya sabía hacer croquetas, y que controlaba ese punto exacto que sólo ella les daba.

Luego empecé a hacerlas yo, y ya no he parado. No hay semana que en casa no tomemos croquetas, por lo general de jamón serrano y de pollo. Pero también de restos de puchero o de cocido, de gambas y merluza con cebollita, de huevo duro y atún...

He enseñado a hacerlas a mis cuñadas, a amigas, a vecinas y hasta a una presentadora de Thermomix. y es que ¡¡¡salen siempre perfectas y tan ricas!!!!


El secreto de unas buenas croquetas, como todo en cocina, es el mimo. el cariño, la calidad de los ingredientes y una buena cocción de la masa, lenta y a fuego suave.

Pero los tiempos cambian, vivimos más deprisa y nuestras cocinas se llenan, a veces demasiado, de electrodomésticos que pretenden hacernos la vida más fácil. Por éso os traigo la elaboración de toda la vida, y la versión "Thermomixera", para los que no disponéis de tanto tiempo pero queréis comer croquetas caseras y con fundamento.

¡¡Se acabó lo de las croquetas precocinadas!! Yo hago una tarde croquetas, las preparo, las rebozo y las meto en tuppers en el congelador. Así siempre tengo listas croquetas caseras para comer sin tener que estar haciendo masas una y otra vez. Si tienes tiempo las sacas del congelador y las pasas a la nevera para que se descongelen poco a poco, y si vas con prisas, directamente del congelador a la sartén.

Pero vamos con la receta y ya luego, seguimos con más trucos.

Ingredientes (unas 40 croquetas medianas)

  • 150 gr. pechuga de pollo (frita, asada, hervida o restos)
  • 90 gr. jamón serrano
  • 50 gr. aceite de oliva
  • 150 gr. harina
  • sal
  • nuez moscada, pimienta, especias al gusto...
  • 500ml. leche entera
  • Media cebolla picadita (opcional)
Elaboración tradicional

Ponemos el aceite en una sartén grande, si queremos ponerle la cebollita la picamos y la doramos en el aceite. Si no le pònemos cebolla, añadimos directamente la pechuga y el jamón bien picaditos y sofreímos un par de minutos.

Añadimos la harina a la pechuga y el jamón, y damos vueltas con nuestra cuchara de madera hasta que veamos que el color blanco de la harina ha desaparecido y que la harina se ha tostado por completo.

Comenzamos a añadir la leche, poco a poco. Yo voy echando la leche a pequeñas cantidades y a medida que veo que la masa la absorbe voy añadiendo más cantidad.

A mitad cocción, añadimos la sal, las especias que más nos gusten (yo siempre le pongo nuez moscada) y probamos para si hace falta,  rectificar de sal.

Terminamos de añadir toda la leche, y sin parar de remover vamos trabajando la masa hasta que ésta se despegue de las paredes de la sartén y esté espesa y bien ligada. Hay que tener paciencia, y os va a llevar un ratito, pero vale la pena, además hacemos brazo!!! jajajajaja

Una vez veamos que la masa está lista, la volcamos en un fuente y la dejamos enfriar, para más adelante poder trabajarla y formar las croquetas. Puede que al terminar de cocinarla no os resulte todo lo espesa que debería, pero al enfriarse se quedará perfecta.


Elaboración con Thermomix

Ponemos el aceite y la cebolla (si vamos a poner cebolla) en el vaso y trituramos. Programamos 5' velocidad 3 y temp. Varoma (y giro a la izquierda si vuestro modelo lo tiene) y sofreímos. si no ponemos cebolla hacemos lo mismo pero solo con la pechuga y el jamón.

Una vez sofrito todo, programamos de nuevo vel.3 temperatura Varoma y 20' y echamos por el bocal la harina. Una vez veamos que la harina está integrada y dorada, comenzamos a añadir la leche. En la Thermomix yo echo la leche toda desde el principio, añado la sal y las especias, y si tenéis giro a la izquierda lo ponéis para evitar que se triture demasiado la masa, ya si hace falta al final podemos triturar más o menos la mezcla.

Generalmente en unos 20 minutos tengo mi masa para croquetas perfecta, pero si la veis muy líquida podéis aumentar el tiempo a la misma temperatura y velocidad.

Como os decía, al final de la cocción si os gusta que la masa quede con menos tropezones, podéis triturarla algo más y dejarla más fina.

Volcamos la masa para croquetas en una fuente y dejamos enfriar hasta el momento del formado de las croquetas.



Una vez nuestra masa esté fría ya sólo nos queda dar forma a las croquetas. Aquí cada maestrillo tiene su librillo: con las manos un poco húmedas, con dos cucharas soperas, con algún artilugio de esos raros raros raros. o como hago yo, con una manga pastelera provista de una boquilla redonda enooooorme o simplemente con un corte grande en la punta de la manga según el diámetro que queráis que tengan vuestras croquetas.

Yo pongo la masa en la manga y hago tiras largas con ella. y una vez tengo las tiras formadas, ya sólo tengo que, con un cuchillo, ir cortando las porciones del tamaño que quiero. Es fácil, rápido y muy limpio.

Y he aquí cuando llegamos al gran dilema que durante décadas nos ha enfrentado a mi madre y a mi, maestra croquetera vs. alumna.

¿Primero pan y luego huevo o viceversa?

Ricas van a estar igual, eso seguro. Pero mi madre las pasa primero por pan rallado y luego por el huevo batido con una pizca de sal para que no queden esas babas tan molestas. Y yo lo hago al revés: primero huevo y luego el pan.

La diferencia es que las de mi madre quedan más tipo "buñuelo" y no crujen, y las mías quedan crujientes y muy doraditas.

A la hora de freírlas, sólo nos queda ser generosos con el aceite en el que las vayamos a freír (yo las frío en aceite de girasol), que esté bien caliente al echar las croquetas, y cocinarlas a fuego medio, para que no se embeban de aceite resultando aceitosas, pero que no se nos hagan demasiado rápido, se doren en exceso y además corran el riesgo de reventarse.

Con patatas fritas, pimientos asados, cebollita frita, ensalada... ¡Es que están ricas como las comas!



Así que venga, todos a hacer croquetas, no hay excusas que valgan.

Un beso y gracias por "estar ahí", Belén.



domingo, 18 de mayo de 2014

Tartaletas rápidas de lo que quieras!!!


¿De lo que se quiera? Sí.  Una receta de tartaletas o quiches saladas, en formato individual, rápidas, sencillas, para hacerlas sin ningún tipo de conocimiento ni de técnica culinaria, pero para quedar como unos reyes.

Si hay una cosa que me guste son las tartaletas en todas sus versiones dulces, saladas, grandes, pequeñas, con mil rellenos, ahumados, verduras... Tengo una receta base de la masa quebrada para hacerlas que me enseñó mi madre y que aún hoy, cuando la hago en la amasadora o en la Thermomix, recuerdo lo bien que lo pasaba de niña disponiendo todos los ingredientes encima de la encimera de la cocina de mi madre y amasando con mis manitas aquella mezcla de harina, huevo, sal y mantequilla. ¡No era necesario ningún "aparatejo" para conseguir una masa rica y absolutamente maravillosa!



 Pero esta vez para hacer la masa, vamos a escoger algo más sencillo y rápido, un paquete de obleas para empanadillas. Yo uso las de la marca "La Cocinera" pero si tenéis otra marca que os guste adelante.

Sólo hay que coger una bandeja de teflón de las de hornear cupcakes y forrar directamente y sin añadir ningún tipo de grasa o antiadherente, las cavidades de la bandeja con las obleas.

Tendréis que acoplarlas un poco tal y como veis en el collage que os pongo a continuación, pero es muy sencillo porque son muy maleables y se trabajan con facilidad.




Una vez forrada la bandeja, sin pincharlas ni hornearlas previamente, procedemos a rellenarlas con la combinación que más nos guste, pero respetando estos ingredientes y estas proporciones básicas para el relleno base:

RELLENO:

  • 200 ml. nata para cocinar (un tetrabrick mini)
  • 2 huevos (yo puse tamaño XL)
  • 90-100 gr. queso rallado (emmental, maasdam, gruyere, mezcla de 4 quesos, manchego...)
A partir de ese relleno base añadid lo que más os guste. A mi me gusta añadir unos 90 gr. de jamón serrano picadito o de bacon en tiritas a modo de quiche lorraine. Pero probad a incorporar puntitas de espárragos trigueros, trozos de brócoli, salmón ahumado...Las posibilidades son enormes y quedan tan ricas!!!



Una vez rellenas, sólo nos queda hornearlas a 180º durante media hora o hasta que veamos que están cuajadas y doradas. En el horno suben mucho como si fueran un sufflé, y al sacarlas se bajarán y quedarán así de bonitas.


En media hora larga y sin armar mucho jaleo en la cocina, por no decir nada, tendremos unas tartaletas de lo más sabrosas y resultonas aptas para todos los públicos y al alcance de los cocinillas más noveles.

Como decía mi abuela: ¡¡¡El que no come bien es porque no quiere!!!

Un Beso bien bien grande, Belén.


domingo, 4 de mayo de 2014

Felicidades mamá!!!

Ya, ya sé que llego tarde a la cita ineludible del día de la Madre. Pero mis días tienen 36 horas y pese a ello, sigue faltándome el tiempo para hacer todo lo que quiero.

Lo que no quería por nada del mundo, era dejar de felicitar a todas las madres: a las seguidoras del blog, amigas, compañeras de trabajo, de aventuras, conocidas, vecinas...A todas, y en especial a la mía!!!

Una año complicado, en el que como siempre que la vida aprieta, te das cuenta de la valía de esas personas que te quieren y te rodean, te confortan y te ayudan, aún estando ellas mal. Y ésa es mi madre: una mujer luchadora, valiente, renegona y cabezota a veces, pero MADRE antes que nada, impagable su dedicación, su cariño y su amor ni en tres vidas!!!

Así que este año más que nunca, mi madre se merecía una tarta muy bonita y muy especial, y aunque no es ésta la entrada con una receta al uso, sino más bien una idea de elaboración y unas líneas para mi madre, aquí os dejo las fotos de la tarta y todo mi amor, respeto y admiración a una madre 10: LA MÍA!!!

Lo primero que necesitamos es un montón de profiteroles, yo además los he rellenado de nata y los he bañado en fondant pastelero de frambuesa. Y ¿dónde he aprendido estas maravillosas recetas? en el Taller de repostería on line de La Tallereria

Aunque también tenéis recetas muy buenas por la web como la que el "profe" del taller tiene en su blog MY EUROPEAN CAKES


Para el bizcocho he optado por un genovés de chocolate blanco, uno de mis básicos por su sabor, ternura y por lo jugoso que queda siempre. La receta la podéis ver  pinchando AQUÍ

Ni siquiera la he emborrachado, directamente la he rellenado con una crema de queso tipo Philadelphia, nata, mascarpone y frambuesas frescas...muuuuchas frambuesas frescas. Y he añadido una puntita de Gelespessa para darle consistencia a la crema y que con el peso me aguantara bien.

Ahora toca practicar con la cobertura de los bordes perfectos que Maria Colés del blog Sweet little cakes nos enseñó en el taller de Tartas perfectas. Tenéis toda la INFO AQUÍ. Sin su ayuda habría sido imposible aprender a hacer esos bordes infinitos y perfectos.

He cubierto el bizcocho con una ganache de chocolate blanco, he dejado endurecer bien, y a forrar la tarta con fondant y a trabajar esos bordes perfectos se ha dicho!!!

La parte que os enseño en la foto es la que mejor ha quedado, claro!!! Pero estoy contenta con el resultado, no???


Y para finalizar ya sólo queda el montaje de la tarta, que no puede ser más sencillo. He dispuesto los profiteroles rellenos de nata y cubiertos con el fondant pastelero (nada que ver con el fondant usado para cubrir la tarta) encima de la tarta, pegados con una gotita de glasa y dispuestos de tal forma que no taparan el borde casi perfecto de la misma. Además la he rematado con un cordón rústico rodeando la base y que previamente, y antes de lanzarnos a devorar la tarta, hemos retirado.

¿¿Lo mejor de todo?? La cara de mi madre y lo rica que estaba la "puñetera" y la ilusión de tener a mi madre con nosotros celebrando un día tan especial. 

¡Por muchos más años y muchas más tartas!

Te quiero mamá!!!