miércoles, 1 de abril de 2015

Torrijas y la marmita de Obélix.

¡Marchando una de torrijas! Casi mejor...¡marchando dos de torrijas! O tres, o cuatro...cuantas más torrijas como más me apetece seguir comiendo. A estas alturas de mi vida con #taytantos años a mis espaldas y en mis caderas, estoy segura de que las torrijas tienen algún extraño efecto en mi metabolismo y que en vez de saciarme me van  creando sensación de apetito a cada mordisco que les doy.


Las torrijas que hago y que como muchas de las cosas que comparto con vosotros las he aprendido de mi madre, no son unas torrijas pesadas, ni demasiado dulces: no llevan almíbar, ni vino, ni miel...ni siquiera las remojo con leche como la mayoría de las recetas sino con agua.

Además llevan limoncito rallado y canela en cantidades alucinantes, son cremosas, quedan blanditas por dentro pero consistentes al morder, un color dorado que quita el sentido y un sabor que hace que en mi casa no tengamos que esperar a Semana Santa para comerlas, en cuanto hay pan del día anterior ya estamos haciendo torrijas.


Para hacerlas sólo hay que tener ganas y estos sencillos ingredientes a mano en casa:

  • pan del día anterior e incluso de más días.
  • 2 huevos
  • un chorrito de leche (tres deditos de un vaso)
  • limón
  • aceite para freírlas
  • azúcar y canela
Comenzamos cortando el pan en rebanadas de aproximadamente un dedo y medio de grosor y las empapamos en agua fría poniéndolas debajo del grifo del agua. Deben quedar bien remojadas. Las dejamos reposando todas juntas en un bol o bandeja y tapadas con un trapo limpio un rato para que queden bien blandas.

Mezclamos batiendo con un tenedor los dos huevos, el chorrito de leche y la ralladura de limón y vamos rebozando con cuidado de que no se rompan las rebanadas de pan remojadas.


Llenamos una sartén con abundante aceite (yo he usado de girasol) y en cuanto el aceite esté caliente empezamos a freírlas hasta que adquieran ese precioso tono dorado que las caracteriza.

Una vez fritas, pasadlas por el azúcar mezclado con la canela (sed generosos!) y esconded la fuente con las torrijas ya listas si no queréis que desaparezcan antes de  hora.

Aún recuerdo la vez que mi madre dejó hecha una bandeja entera de torrijas (unas dos docenas) y cuando volvió de trabajar quedaba sólo una...la de la vergüenza. Entre mi hermano y yo fueron sucumbiendo de una en una. Así que ya os digo que las torrijas son para mí  lo que la marmita de poción mágica para Obélix, y no puedo contenerme ni comerlas con moderación.




Momento confesión: hoy ya llevo SIETE!!!!!!

Espero que os gusten, que os animéis a hacerlas y por supuesto que descanséis estos días que tenemos de vacaciones, que nos lo merecemos.


Un beso enoooorme, Belén.


8 comentarios:

  1. Jajajaja, no me extraña que lleves 7 con lo buenas que deben estar viendo las fotos y como te han quedado, yo llevaría 9 o 10 :D Me encanta la forma tan sencilla como las has hecho y lo bien que te han quedado, me guardo la receta pero ya, me han enamorado, ya estoy pensando en hacer una tanda bien grande para mi sola, jijiji. 1 besazo y felices fiestas!! ;)

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  2. Me encanta Belén la idea de mojarlas en agua me ha alucinado y gustado a partes iguales! Un beso para ti y otro para tu madre!

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  3. Un poco sosas sin apenas leche pero más ligeras ¿no?

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    1. tú hazlas y luego me dices si quedan sosas!!! un beso!!

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  4. Acabamos de llegar a tu blog y nos encanta estas torrijas tienen que estar de muerte y los merengues nos encantan.
    Te invitamos a visitarnos que nosotras nos quedamos por aquí un ratito.
    Besos crisylaura.

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  5. Me encanta el pan frito.
    Un saludito

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  6. Deliciosas! Las hice pero en vez de freír las metí al horno unos minutos y me gusto el resultado . Volaron !

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  7. Deliciosas ! Yo las hice pero en vez de freír las metí al horno unos minutos y me gustó el resultado . Volaron !!

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